
El archipiélago de Madeira atrae cada año a millares de turistas a casi 1000 kilometros del Portugal continental; los turistas acuden en busca de su naturaleza, su clima templado y sus playas. Es una región de fuertes contrastes: en época de plena floración es un paraiso vegetal (Floresta Laurissilva está reconocida por la Unesto como Patrimonio Mundial natural; contiene también paisajes áridos, cañones y panoramas arrebatadores.